Tupungato, la identidad y las pasiones

Llegamos a Tupungato desde Mendoza. Tupungato es  esos nombres de pueblos que por algún motivo resuenan. Acá alguna batalla libró San Martín y no se mucho mas. Tengo que investigarlo. Así como averiguar el nombre de esos árboles con florcitas rosas que son bastante comunes en Mendoza y que me recuerdan a los cherry blossoms de los jardines japoneses a los que nunca fui. Llegamos un domingo, el pueblo dormía, no porque fuera temprano sino porque era domingo. La capital, cuando salimos, también dormía. Mendoza es como una ciudad pueblo y Tupungato es un pueblo pueblo, pero las dos tienen eso en común: la siesta prolongada del domingo, los almuerzos largos que se mezclan con el mate y los bizcochitos y las cenas llenas de sobras del mediodía. Yo creo que hasta Buenos Aires es un poco así los domingos.  Cuando uno pierde esos domingos los añora, créanme. No he visto almuerzos tan largos como los nuestros, tan exageradamente abundantes. No hay razón en esos almuerzos, ni una, es todo saciar pasiones, de las mas mundanas a las mas místicas. Si cocinaba mi abuela comíamos pastas o milanesas, las mejores milanesas que comí en mi vida. Si cocinaba mi abuelo se comía asado. Mi abuela (a veces mi tía) preparaban las crema para los duraznos o las frutillas, a veces había masitas finas además de los duraznos. Veíamos los Benvenutto, me acuerdo que también quedaba la tele prendida con las carreras de autos que me aburrían. Una vez que aprendí a leer me gustaba chusmear el diario local y en general los almuerzos terminaban con un show mío y de mi hermana dirigido por mi.

Mientras escribo Marian prepara un fuego, no porque haya algún asado de domingo. Ibamos a comprar un pedacito de carne pero en el camping falta la parrillita y nos lamentamos no haber traído una, por lo menos para hacer que el domingo sea más domingo. Pienso que no importa, el lugar es hermoso. Un predio enorme todo arbolado y con un arroyito que corre al costado. Pienso que me voy a dormir escuchando al arroyito. Pienso también en lo rara que es la manera en que construimos nuestras rutinitas y como cada uno tiene sus altares aunque creamos que no los necesitamos o que con el paso del tiempo nos van a resultar indiferentes. Todos añoramos, todos miramos al pasado con nostalgia. Quizás estar hace tiempo en casa y ahora viajando por mi país reaviva más esas nostalgias, porque de alguna manera muchas cosas me recuerdan a mi infancia.

Volver a la infancia me ayuda mucho a construir mi identidad. Creo que es lo único que funciona para poder verme. Es el contrapeso a este viaje eterno que me ha desarmado y me ha mostrado tanto que me mareó. Hace mucho que vengo destruyendo tantas cosas adentro mío y es todo tan frágil ahora que me he vuelto  la cuestionadora de las mismas verdades que defiendo, que dudo de mis conocimientos y me muero de miedo cuando no puedo ni siquiera definir aquello que despierta mis pasiones. Identidad – pasiones todo mezclado, todo confuso, todo lo distinto siendo parte de una única crisis que no va a dejar de ser porque irse a vivir al bosque no es fácil. Porque al final para los que nacemos tan lejos de él, el bosque es demasiado grande.

Cuando vuelvo a mi infancia me siento segura, porque lo que era, es lo que soy, es lo que es. Yo era chica y me moría de miedo con un montón de cosas y me cortaba el pelo sola y le echaba la culpa a mi hermana y me animé a andar en bici sin rueditas y después en patines y me encantaba actuar y que los grandes me miraran, me encantaba subirme al escenario, aprenderme textos de memoria y recitarlos. Hasta que un día no me animé más y no me subí más al escenario. Seguro que no era lo mío igual, lo mío era otra cosa, aunque todavía no estoy segura de que haya algo que lo sea.

2 Comentarios

  1. Elsa

    Hermosa descripción de un domingo que pueda ser cualquiera , allí en Mendoza o aquí en Avellaneda. Me hiciste regresar a mi infancia, a mis domingos con los asados de papá y los fideos de mamá amasados con mucho amor y el tuco como buena italiana con tomates frescos y la infaltable crema con duraznos… un pedacito de mi hermosa y añorada infancia. Besos para vos y Marian

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