Sobre viajar…. y vivir

¿Por qué viajo? No podría dar una respuesta porque el sólo hecho de estar vivos no la tiene y viajar para mí es vivir. Y viajar también es jugar. Hasta por momentos me siento parte de una obra surrealista en donde todo lo que nos rodea es demasiado perfecto para ser real. 

Es vivir también haber expandido las barreras de ésta libertad que nos han querido vender; una libertad de relojes, despertadores, alimentos congelados, envases de plástico y cuerpos de plástico, relaciones virtuales exterminadoras de besos y abrazos de carne y hueso.

Es vivir asumir el irreversible destino y enfrentar a la muerte; saberla certera e inoportuna y sentir la vida por ello y a pesar de ello intensa, radiante, invencible. Es tomarla fuerte, sin condenarme a mandatos, reglas ni convenciones y apostar por la felicidad todos los días aunque con ella no pueda comprar nada pero en el fondo me de todo.

Y es vivir abrazarme a los sueños, los que tiñen de color mi parte gris, los que me vuelven menos impaciente conmigo misma, los que me obligan a hacerme cargo de nuestra existencia y de nuestra esencia, porque aunque la niegue o los aplace, estamos hechos de sueños.

Vivir es además tener raíces con alas para alcanzar esos sueños y no borrar la memoria, porque poseer el pasado no es lo mismo que pertenecer a él. Porque soy el recuerdo del olor a naftalina entre los abrigos en el armario de mamá, del amigo imaginario de mi hermana menor, de los paseos en la camioneta roja de mi tío Alberto, de los libros que me regalaba la abuela Chiquita, de las revistas Anteojito de mi tía Graciela, de Emi planchándome la cama para que no tuviera frío, de la sopa de mi abuela en el tazón que le robé para llevarme a mi departamento en Buenos Aires y así tenerla siempre presente, el mismo que dejé en una caja esperando mi regreso, del día que me enteré que mi abuelo tenía cáncer, de mi viejo haciendo vino patero con mi tío y sus primos en la casa de mis abuelos, de las tardes de mate con mi hermana en Buenos Aires, de las inexplicables tartas de arroz con atún de mi mamá, del día que me enteré que mi mamá estaba embarazada de mi hermano menor, de cada anécdota con mis amigas, de las despedidas y los reencuentros. Esas raíces que me hacen partir en mil pedazos y me dan la libertad para elegir mi propio camino y reconstruirme a cada instante.

Vivir es sentir el cuerpo extenuado de alegría, es la paz que llega cuando creo que voy por el camino correcto y eso… esa vibración que te recorre el cuerpo cuando vivís tus pasiones es el motor que nos mantiene en movimiento siempre. Es aceptarme a mi y a los otros, es ser más conformista material y menos inconformista espiritual e intelectual, es levantar la voz, compartir mis pasiones, contagiar el amor a la vida, es disfrutar de la acción y de la no-acción.

Algunas cosas han cambiado desde que comencé a vivir y aun así no tengo nada resuelto. Paradójica o lógicamente es eso lo que me mantiene viva: tengo la posibilidad de crear mi propio camino mientras lo ando, sin aferrarme a un futuro inexistente, abrazando incertidumbres y sorpresas, dejando que los días se construyan distintos. Y no te voy a mentir a veces duele remar contra la corriente, decidir ir por la vida viviendo, creyendo en nuestra utopía, la propia y no la que nos venden en la tele y las revistas, que te crean loca por elegir una vida distinta.

Viajar para mí es vivir, escribir para mi es vivir, aprender para mi es vivir, fotografiar al mundo para mi es vivir, escuchar música para mi es vivir, dormir luego de un largo día de trabajo para mi es vivir, probar nuevos sabores para mi es vivir, cruzarme con seres utópicos en el camino para mi es vivir, saber a mi familia cerca a pesar de la distancia para mi es vivir, estar en contacto con la naturaleza para mi es vivir, jugármela por mis ideas para mí es vivir, transmitir el mensaje para mí es vivir… Y para vos ¿qué es vivir?

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