Estas y mil cosas que pasan todos los días

Sentir las ganas de vivir la vida. Sentir a las palabras latir de nuevo, sueltas, des-contenidas, faltas de todo, faltas de mí. Que las pienso y las pierdo y no puedo hacerlas mías porque no lo serán jamás. Porque ellas encontrarán su cometido solas desde el momento en que han sido escritas. Pensarlas y que se construyan solas y sin darse cuenta, sean como las siento latir por dentro… Que además hagan vibrar al que las lea y me hagan vibrar cuando las lea.

Desearnos menos pasionales para abandonar lo que nos duele y más pasionales para vivir la vida. La verdadera, la desentendida de las cosas, y los teneres y las directrices y la censura. Esa vida que es tan frágil ¡cómo me gustaría que todos entendiésemos sobre la fragilidad de la vida!. Desear que el angelito bueno muera para siempre.

Tenerle lástima a la humanidad, a mi a todos. Por jugar a ser inmortales, por postergar la vida para mañana porque las obligaciones apremian. Por creer que lo importante es llenarnos más que la boca y olvidarnos que somos instinto, tripas, entrañas.

Sentir el peso de la existencia, reconocerme perdida, mórbida, a-temporal, a-temperamental, inestable, presa de diplomacias, escasa de mundologías.

Venir a buscar algo distinto y encontrar más de lo mismo. No poder huir y ser parte de ello y alimentarlo y hacerlo crecer y hacerme creer que aquello nos hará bien. No estar presente en muchos momentos. A LIE NAR ME para escapar de la mismísima alienación. Ser parte de la máquina que nos desdibuja la humanidad y nos convierte en extensiones de sí misma. Escapar del presente en ese momento. Vencerme. Creer que no puedo, que jamás podré.

Otra vez vuelve a mi la incontenible ansiedad de querer todo y no poder nada y creerme capaz de nada y no reconocerme en éste pedacito de tierra que camino y sólo me hace cosquillas y que no me abraza desde sus entrañas. ¿Quién fui yo en esta isla?¿Quién seré yo en los reencuentros y en los re-descubrimientos? ¿Será que nunca fui lo que creía?¿Serán las confusiones?¿acaso son los desafíos?¿o los no desafíos?.

Amar el devenir del otoño.

Pensar: “Los no espacios no dan lugar a silencios. El viaje nunca termina. Soltar sin miedo, abrazar sin miedo, pedir perdón sin miedo”.

Sentir lo intrascendente del paso por la vida y reconocer-me la necesidad de eternizarme aunque sea sólo con éstas mismísimas palabras.

Vibrar a una sintonía desconocida – no vibrar.

Ser cúmulo de excusas, ser planes sin realizar, logros no acometidos, serlo y agradecer por tener tantas cosas pendientes.

Valorar los abrazos nocturnos de invierno. Saber al amor como el primer día aunque la cotidianidad mate a veces la poesía.

No ser y que no me importe. No ser y transformarlo. Reconocerme presa única y exclusivamente de mí misma. Enfrentarme con mis miedos, desafiarme. Detenerme un segundo a analizar el absurdo y la contradicción.

Hacer… y que esas acciones generen otras tantas, tender puentes, extender manos, abrir oídos, agradecer, aceptar agradecimientos, volcar la energía a la transformación positiva.

Ser todo ésto, en la realidad y en mis pensamientos, ser alegría, miedo, frustración, desilusión. Perderme de mí misma cada día,  reconstruirme cada día, volver a empezar cada día. Soy una distinta hoy, la de ayer ya no existe.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *