El camino a Los Reyunos y la construcción y destrucción de los miedos

Le tengo miedo a las alturas y lo descubrí viajando. Lo descubrí no en el primer viaje porque en ese momento no lo había identificado o no lo tenía, no lo sé. Recuerdo haber subido al Waynapicchu, la montaña desde que se ve todo el Machupicchu y mirar hacia abajo sin miedo.


Ahora acercarme a un precipicio, aunque haya una baranda me hace temblar las patitas. Entonces ir a Reyunos suponía que en algún momento la iba a pasar mal. Había visto el mapa y las curvas zigzagueaban interminablemente. Era un camino de ripio y montaña, subidas y bajadas. El suplicio durante el trayecto era el precio que había que pagar para llegar al lugar: el miedo; miedo a caerme por un precipicio y morirme ahí. ¿Miedo a las alturas o miedo a la muerte?

Entonces empecé a pensar en esto del miedo, en lo que te juega en la cabeza el miedo a algo. Como te condicionan un montón de ideas que te metiste o te metieron en la cabeza sobre como son o como no son las cosas. Al final siempre termino por creer que el miedo es tu verdad hablando y mostrándote tus miserias en la cara. El miedo sos vos negando algo que está adentro tuyo. Y es tan poderoso que te puede tener así, comiendo alpiste de su mano toda tu vida. Yo sabía, mientras miraba el mapa, y lo sé cada vez que me paro frente a un precipicio, que las probabilidades de que me caiga mientras voy surcando los caminos de ripio son las mismas que en ese mismo momento me dé un síncope y la quede ahí para siempre. Pero yo me visualizo rodando por el acantilado siempre. Como cada vez que me subo a un avión e imagino que se va a venir en picada hasta hundirse en el fondo del océano. El miedo a la muerte es el fantasma que me sopla en la nuca todos los días. Y ya lo asumí, no se va a ir. Lo único que podemos hacer es elegir que hacer con él. Lo enfrentás o te convertís en su esclavo. Te comés todos los versos de la cabeza o te enfrentás con vos mismo y te desafiás a intentarlo.

Por que yo me voy a morir y vos también te vas a morir. Aunque creas que “falta mucho” y en el fondo guardes la esperanza de que no suceda. Somos tan biológicos que el aire nos va oxidando. Si querés podés asumirlo, si querés también podés obviar el pensamiento por un rato, hasta que vuelva de nuevo. No me digas que no lo pensás, que no te aterra la muerte, que no te dio miedo una sola vez. A mi si me da, yo no me quiero morir, porque el mundo es tan grande, hay tanto por ver, por comer, por oler que si me muero ahora me voy a perder de todo eso. Por eso lo hago. Pienso en la muerte todos los días. Eso es lo que hace que elija estar ahora acá escribiendo este texto sin sentido en medio de un bosque de álamos en algún lugar de Mendoza. Porque sino ahora, cuando. Si mañana me puedo morir, ahora vivo esa vida que quiero vivir. Mañana no existe, mañana te pisa un tren, se te paró el corazón, te comió un puma, te resbalaste en la bañera y te desnucaste y te moriste sin hacer lo que querés hacer.

Vos podes cagarte de risa de los yoguis, pensar que viven en una nube de pedo y todo lo que se te cante pero dejame decirte algo, hay al menos una cosa en la que tienen razón: solo existe el ahora. Y eso, creo yo, eso es una verdad absoluta. El otro día después del terremoto en México hablábamos con mi hermana. Que loco debe ser que de golpe te quedes sin nada, se te caiga la casa abajo y se destruyan todas tus cosas, todas tus seguridades.  Yo estoy segura que cuando la tierra te tiembla debajo de tus pies te chupa un carajo la casa, la ropa, el celular. En esa milésima de segundo lo único que te importa es tu vida y la de tus seres queridos, porque en definitiva, eso es lo único que tenemos. No te importa perderlo todo, empezar de nuevo. Querés vivir. Mi papa nos contaba que en el gran terremoto en Perú en 2007 los cadáveres aparecían con los pantalones todos mojados. Se hacían pis encima del terror. Ese miedo, a la muerte, al final, a las variables que no podemos controlar, ese miedo siento yo, ese miedo es mi pasaporte a esta falsa libertad que construyo todos los días. Que me tiene explicando muchas veces porque a mis más de 30 elijo vivir así y no pienso en el terreno, la casa, el trabajo estable. Ese terror a la muerte me impulsa a vivir.

Te juro que a veces lo pienso, la familia, la jubilación cuando no me de el cuerpo para laburar. Pero hoy, justo ahora que puedo, que soy de las afortunadas que pueden darse el lujo de vivir distinto, que tengo las herramientas para hacerlo, prefiero intentarlo. Vos también deberías si te los estás cuestionando. Lo que sea; viajar, tomarte un tiempo sabático sin tener que pensar que tenes solo 15 días de vacaciones, intentar vivir de lo que te gusta, emprender la actividad que te va a hacer cagar de hambre al principio pero que te llena el alma hasta que explota. Intentálo, una vez por lo menos. Transformá tus miedos, total, si no nos comió un puma ni nos pisó un tren ni nos dio un síncope aún habrá tiempo para sobrevivir.

5 Comentarios

  1. “El miedo sos vos negando algo que esta adentro tuyo” cuantas cosas nos negamos cada dia? cuantas negaciones tuvimos a lo largo de nuestra vida? cuando se aprende a vivir sin miedo, sin limitaciones, aprendemos lo hermoso que es estar vivo…una vez mas…

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