Días de ciclotimia

Soy responsable de  mis decisiones, de mis aciertos y mis errores y de todas mis contradicciones. Me gusta pensar que éstos últimos meses son el cierre de una etapa, me gusta tener el tiempo para cerrarla y parirla adecuadamente. Y en medio de decisiones que abrazan proyectos distantes, decisiones reflejo de inquietudes y ganas postergadas, desafío al día a día y a todas sus posibilidades.

No estoy dispuesta al silencio ahora, no quiero preservarme en mi mundo de material reciclado y desafíos intensos. No quiero introspecciones profundas ni cuestionamientos de decisiones tomadas. Quiero simplemente aceptar lo que me he ofrecido, lo cual a pesar de los pesares está regido por el destino. Al menos tranquilidad ahora, el disfrute de aquellas cosas que pasan todos los días aunque no me de cuenta.

Hace una semana que aprendo a convivir con más de sesenta personas, que decidí dejar de refugiarme en mí misma y compartir cotidianeidades, que dejé de buscar a los detractores, que dejé de intentar ser una detractora. Mi mundo sigue allí, latiendo dentro mío y en conexión con tantos otros. Así fluye la vida y entre charlas superfluas  con música de fondo y una cerveza en la mano descubro intenciones disruptivas cuando menos las busco, cuando no le doy un crédito a nadie, cuando me siento parte de un mundo de excesos y relaciones con papas fritas y gaseosa cual combo de un restaurant de comida rápida; un mundo en el cual si quiero, yo encajo -mas o menos- bien. En ese mismo mundo encuentro a los insatisfechos, confundidos, temerosos, mundanos, antisociales, depresivos, utópicos, profundos y superficiales y todo converge, todos los mundos, al unísono y a destiempo.

Todo empieza de nuevo, como si quisiera darle una oportunidad a “ésto” por primera vez, como si quisiera empezar a ser todo aquello que no fui, sin exigencias ni expectativas, evitar entrar en pánico por creerme presa de una zona de confort un poco más amplia que lo habitual. Empiezo a desproveerme de contenido en una parodia de atentado contra mí misma que es en realidad una búsqueda de estabilidad emocional necesaria. A dejar que “ello que no sé que es” acontezca cuando así tenga que ser.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *